ARTE, TECNICA Y OBJETIVOS EN EL MANEJO DE LOS RELLENOS FACIALES
Las técnicas de jeringuilla en la belleza del rostro permiten recuperar
o disimular los signos de envejecimiento facial, pero también permiten
modificar el aspecto anatómico de la cara.
En primer lugar debe definirse el objetivo del paciente que tenemos delante:
¿rejuvenecer? O ¿también modificar rasgos?.
La pregunta requiere un tiempo de comunicación médico-paciente,
sobre todo si es la primera entrevista. En mi experiencia, la mayoría
de los pacientes no quieren sólo rejuvenecer, de paso,
ya que estamos, podemos corregir esta punta de nariz que pica más de
que me gusta, siempre me habría gustado tener pómulos más
pronunciados o labios más carnosos, son comentarios muy habituales.
La primera parte de la entrevista debe dirigirse a delimitar lo más
claramente posible cuáles son los objetivos del paciente. La segunda
a un examen riguroso de la anatomía y armonía de los 3 tercios
de la cara, aislados y en su conjunto. Con esto el profesional con experiencia,
con conocimiento de las técnicas y con la total disponibilidad de todas
y cada una de ellas debe interiorizar la propuesta que realice.
Hay algunas cosas que son necesarias tener siempre en cuenta: nuestro paciente
siempre quiere una cosa discreta, pero no está satisfecho si no se lo
notan sus amigos y familiares, nunca tiene en cuenta, que la mayoría
de las veces éstos no hacen una precuenta frontal ¿Qué
te has hecho? Y una opinión sincera: No me gusta o sí. La magnitud
de las correcciones deben plantearse sólo con criterios de belleza, en
general bien establecidos, y “de paso” llevar al ánimo de
nuestro paciente los riesgos de esos pensamientos que no nos cuenta.
Una buena manera de proceder puede ser iniciar el tratamiento sólo con
materiales reabsorbibles, el paciente tiene varios meses de tiempo para asimilar
sus cambios, olvidar los primeros comentarios de su entorno si los hubo y dejar
paso a su gusto propio y verdadero. Al profesional le sirve para criticar su
comportamiento técnico, dónde hubiera sido mejor poner lago más
y dónde nos hemos pasado.
Cuando un profesional respeta los cánones de la armonía facial
nunca comete excesos. Tienen peligro los que inventan, tienen fórmulas
secretas y un excesivo afán de notoriedad. La gran parte de los excesos,
las hipercorrecciones se hacen a demanda de los pacientes, que siempre quieren
más y rentabilizar al máximo posible el dinero invertido, cómo
mejor, llevándose puesto lo más posible.
Los cánones de belleza nos enseñan a que ésta es discreta,
suave entra en el espíritu antes que por los ojos, se respira más
que se ve. Cuando salta demasiado a la vista seguro que está exagerado.
Esta forma de enfoque de los tratamientos faciales por parte de cada profesional
no siempre es la misma, la imagen tridimensional de los beneficios a obtener
en el rostro que tiene delante se percibe de forma absolutamente personal y
el criterio adecuado, además de basarse en una rigurosa formación
e información, tiene algo de arte que es inherente a la personalidad
misma de cada profesional.
El respeto a los conceptos estudiados, leídos y muchas veces vistos
en congresos y reuniones científicas asegura “no meter la pata”,
por importante que sea el paciente o la aspereza de sus exigencias. Es una satisfacción
profunda andar por la calle y observar resultados personales discretos, suaves
y enormemente bellos. Es triste ver “caras de goma”, sin expresión,
planchadas inertes y sin otra firma que la del médico autor (con la aquiescencia
de su cliente).
Pinchar un relleno es fácil, dónde, cuánto, cuál,
con qué objeto, sobre todo en cara puede ser el arte más difícil
de dominar e imposible si no se conoce qué se pone, la anatomía
de la cara y de su muy peculiar musculatura y sobre todo, ante un incidente:
¿cómo se resuelve?.
Por último, sólo lo que no debe buscarse: los únicos que
tienen la cara redonda son los niños, los únicos que tienen proyectado
el centro labial superior, porque todavía no se ha completado la formación
del bermellón labial, son los niños, a los únicos que se
les ve la esclera (blanco de los ojos) por debajo del iris es a los niños,
porque tienen el ojo redondo. Correcciones en esta línea son antinaturales
y siempre resultan “chocantes para un adulto”, que ya está
en edad de querer arreglarse.
Otras exageraciones habituales son las hipercorrecciones del surco nasogeniano.
¿Cuántas veces nos ha recordado fulanita de tal a un simio?. Los
simios no tienen surco nasogeniano y la mitad del tercio inferior facial está
adelantado. Las correcciones exageradas del surco adelantan el macizo facial
inferior, resultado vuelta atrás en la evolución darwinista.
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