Las patologías del tiroides pueden resumirse en tres
grandes grupos a saber, aquellos que cursan con una disminución
de la producción o actividad de las hormonas tiroideas
(hipotiroidismos), las que provocan un incremento de las
mismas (hipertiroidismo) y el cáncer de tiroides.
El hipotiroidismo da lugar a manifestaciones clínicas
muy diversas, entre las que puede destacar un ligero incremento
del peso (fundamentalmente por retención de agua y sal).
Sin embargo, la de obesidad causada por hipotiroidismo
supone menos del 0.5%, y se produce en aquellos casos
de hipotiroidismo severo y no tratado correctamente de
forma crónica en pacientes con un previo exceso de peso.
El hipertiroidismo, al producir un incremento del metabolismo
puede provocar disminución del peso en un 50-80% de los
afectados, sobre todo cuando es severo. Sin embargo no
es infrecuente, sobre todo en mujeres, observar un incremento
de peso en casos de hipertiroidismo ligero, debido a que
la ingesta alimentaria (por aumento del apetito) es superior
al incremento del gasto metabólico.
El objetivo primordial del tratamiento de la enfermedad
tiroidea por alteración en la producción o actividad hormonal
(hipo e hipertiroidismo) debe ser un correcto tratamiento
a fin de normalizar al paciente, mediante la utilización
de hormonas tiroideas (en el hipotiroidismo) o medicación
antitiroidea o yodo radiactivo (en el hipertiroidismo).
La normalización hormonal suele corregir, por sí sola,
las alteraciones del peso producidas.
Las recomendaciones dietéticas destinadas a personas
con patología de tiroides no difieren en absoluto de las
del resto de población. Así, en los casos de hipotiroidismo
o hipertiroidismo con sobrepeso es recomendable la realización
de una dieta hipocalórica equilibrada en nutrientes, y
adaptada a las características físicas y actividad del
paciente, así como el incremento de la actividad física.
En los hipertiroideos con pérdida de peso, la dieta debe
ser equilibrada para sus características físicas y rica
en productos con alto contenido en vitaminas y minerales
que compensen las perdidas producidas; deben evitarse,
sin embargo, alimentos con un muy elevado contenido en
yodo como suplementos vitamínicos con yodo, sal yodada
o algas rojas.
Incidir en la necesidad de implementar el consumo de
sal yodada de forma universal en la población general,
sobre todo mujeres embarazadas, lactantes y niños. Una
deficiencia en el consumo de yodo puede provocar bocio
(aumento del volumen de la glándula tiroidea) o hipotiroidismo,
y puede ser responsable de una disminución del cociente
intelectual y rendimiento de los escolares.
Dra. Amparo Martínez Riquelme
Médico Especialista en Endocrinología y Nutricion
Servicio Endocrinología de Instituto Médico Láser