El balón ocupa parcialmente el estómago y los pacientes
tienen la sensación de estar "llenos", es decir, aumenta
la sensación de saciedad.
El sistema de BIG está diseñado para facilitar el cumplimiento
de una dieta supervisada y un programa de modificación
de la conducta alimentaria.
El balón se introduce en el estómago a través de la
boca sin necesidad de cirugía.
El médico endoscopista y especialista en aparato digestivo,
utiliza un examen inicial del estómago a través de una
cámara de televisión o gastroscopio y si no observa
ninguna anormalidad procede a la colocación del balón
a través de la boca y el esófago hasta llegar al estómago.
Una vez en el estómago se llena con una solución salina
estéril, de tal manera que el balón será ya demasiado
grande para pasar al intestino y flotara libremente
dentro del estómago.
El tiempo invertido en colocar el balón varía, pero
habitualmente es entre 20 y 30 minutos. Tras este tiempo
el médico controlará que el dispositivo está bien colocado,
permitiéndole al cabo de unas horas regresar a casa.
Por consenso entre los fabricantes y los especialistas
el balón deberá permanecer un máximo de 6 meses en el
estómago, tiempo tras el cual será retirado.
La retirada del balón será de la misma manera en que
fue colocado, es decir, a través del esófago y la boca
por un médico especialista en aparato digestivo, por
medio de gastroscopia.
Como en todos los procedimientos médicos existe el
riesgo de reacciones imprevistas, desconocidas y adversas
a los medicamentos utilizados y a la clase de procedimientos
implicados. Esto puede variar según las personas.
El balón intragástrico está fabricado con una silicona
especial, ácido-resistente. Si el balón se desinflara
antes de su momento programado, el colorante que lleva
en su interior, provocaría un cambio en la coloración
de la orina.
En caso de tal improbable situación, el balón desinflado
es suficientemente pequeño para que pase por los intestinos
y salga del cuerpo naturalmente. Existe algún caso descrito
en el que el balón tuvo que ser quitado quirúrgicamente.
Si usted sospechara que el balón se ha deshinchado,
debe notificarlo inmediatamente al equipo médico.
Como en otros procedimientos gástricos existe el riesgo
de que se produzcan lesiones en las paredes, ya sea
por contacto directo con los instrumentos utilizados
para la colocación del balón, como por el mismo, o por
la producción excesiva de ácido por la pared gástrica.
Posibles consecuencias de esto, son la formación de
úlceras, hemorragias, dolores o perforaciones. Tales
complicaciones pueden exigir la intervención médica
o quirúrgica.
Naturalmente, su médico es la persona indicada con
quien discutir todas sus preguntas, para que usted evalúe
los beneficios y riesgos de este sistema.
Según la Organización Mundial de la Salud, más
de 1.000 millones de personas de todo el mundo padecen
sobrepeso y, de estos, al menos 300 millones son obesos.
Además, un estudio reciente ha demostrado que la obesidad
causa más efectos perjudiciales en la salud que el tabaco
o los problemas con el alcohol. El incremento de las
afecciones crónicas ocasionadas por la obesidad es similar
al provocado por un envejecimiento de 20 años.
La obesidad suele abordarse deslos los puntos de vista
de la endocrinología o la cirugía, con tratamientos
nutricionales y farmacológicos en el primer caso o a
través de intervenciones quirúgicas en el segundo, pero
existen otras posibilidades. Una técnica que se está
extendiendo y que ofrece excelentes resultados es la
implatación sin cirugía del balón intragástrico, por
la boca, a través de una endoscopia.
Según el Dr. Gontrand López-Nava, médico especialista
en aparato digestivo, y jefe del Servicio de Digestivo
y Endoscopia del Hospital San Rafael de Madrid, el balón
intragástrico es un dispositivo de silicona que ocupa
parcialmente el estómago y provoca en el paciente la
sensación de saciedad; su introducción se raliza sin
cirugía, en no más de 30 minutos, permitiendo al paciente
regresar a su domicilio transcurrias dos o tres horas.
La técnica se basa en una gastroscopia que se lleva
a cabo con el paciente sedado (sin anestesia general),
a través de la boca, introduciendo un tubo flexible
con un a cámara de televisión para revisar la cavidad
gástrica y comprobar su normalidad. Comprobada la ausencia
de lesiones, se implata a continuación el balón, que
se rellena con una solución estéril para que ocupe parte
de la cavidad gástrica y quede flotando durante seis
meses. El balón intragástrico es un dispositivo que
restringe la capacidad del estómago, provocando una
sensación de saciedad precoz al comer. Su objetivo es
hacer que el paciente pierda peso al ritmo que el organismo
puede asimilarlo de forma óptima, consiguiendo una reducción
de hasta 30 Kgrs. en un periodo de seis meses. La implatación
del dispositivo permite adelgazar de forma progresiva
y controlada, y no tiene prácticamente efectos secundarios.
Permite al paciente hacer vida normal, incluido ejercicio
físico, desde el día posterior a su implatación.
"El balón se debe platear como un ayuda para
cumplir una dieta médica equilibrada en principios inmediatos,
vitaminas y minerales, individualizada según el índice
de masa corporal y la composición corporal,, y coordinada
por un grupo de expertos compuesto por endocrinos, especialistas
digestivos, psicólogos y enfemeras" - asegura
el Dr. López-Nava - "El rechazo se produce
muy raramente, tan solo en un 1-3% de los casos; resulta
frecuente, no obstante, que durante los cinco días posteriores
a su introducción el paciente esperimente una cierta
sensación de malestar y algunas nauseas, pero una vez
superado este periodo estos problemas desaparecen. Los
resultados pueden observarse desde la primera semana,
dado que el dispositivo impide al sujeto comer la cantidad
habitual a la que estaba acostumbrado su estómago y,
al ser menor la ingesta, se produce una pérdida controlada
del exceso de peso. No es necesario realizar un seguimiento
médico especial, ni análisis de control, aunque si in
seguimiento periódico para controlar los aspectos nutricionales
del tratamiento".
En la actualidad, el equipo del Dr. Lípez-Nava ha tratado
ya a mas de 250 pacientes, con obesidades que van desde
la moderada, hasta la muy severa, "sin registrar
ninguna complicación grave en la implantación, y con
una tas de tolerancia del balón, del 97 por ciento",
según manifiesta el Dr. Caballero, destacado
miembro del sevicio de Aparato Digestivo del Hospital
San Rafael de Madrid.
El balón intragástrico se perfila como un herramienta
de ayuda al paciente obeso, tanto para solucionar su
problema, como para disminuir los riesgos o complementar
en los casos muy graves a la clásica cirugía.